Keblinger

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El desván del duende

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| miércoles, 17 de septiembre de 2014
           






El desván del duende                                           






         El Desván del Duende es un grupo español, originario de Extremadura, con residencia actual en Badajoz. Su música se caracteriza por una marcada fusión de estilos y temáticas, mezclando rumba con reggae, funky, bossa, música de autor y flamenco, y dando cabida en sus letras a una marcada carga de poesía, surrealismo y crítica social.
                 
 Entre enero y abril del 2004 graban su primera maqueta con más ilusión que vergüenza, valiéndose de una guitarra, un cajón prestado, un micrófono y la moderna tecnología de un Pentium III. Con aquella maqueta se patean lo más granado de las romerías de media Extremadura, media Andalucía y tres cuartos de Castilla la Mancha, vendiendo más de seis mil copias, a tres euros, que les sirve para comprar nuevos instrumentos y correrse algunas suculentas juergas, propicias a la inspiración de nuevas canciones.

En el 2007 tiran la casa por la ventana del vecino y publican su primer disco, “Eres buena gente”, una pieza sinfónica clave para entender la rumba trotona callejera y el acervo que los forma como músicos y personas humanas. El disco les da la oportunidad de hacer su primera gira nacional “Macetas de Colores Tour”, participando en festivales como Extremúsica, Amus, Viñarock Express, Womad o Espantapitas, compartiendo escenarios con artistas tan inspirados como Muchachito Bombo Infierno, La Excepción, Bebe o Pereza.
En el 2009, metidos hasta el cuello en plena crisis económica mundial, tienen el descaro de publicar su segundo disco, “Increíble, pero cierto”, una obra cercana al simbolismo emocional, mucho más inspirada, chachi y molona que la mayoría de músicas de las que el melómano medio aspira a disfrutar. El disco les dio la posibilidad de entrar en lista AFYVE como uno de los 40 grupos más vendidos de España y el segundo (después de Ojos de Brujo) más vendido en las listas independientes durante la semana de su lanzamiento. Con este trabajo culminan su segunda gira nacional “Pon dudú Tour”, participando en festivales como Cruille de Culturas, Envivo, Vicar Proyect o Play, compartiendo escenarios como artistas tan consolidados como UB40, Andrés Calamaro, Los Delinqüentes o Manu Chao.
Finalmente, el 17 de Enero del 2012 ve la luz su tercer disco “Besos de Cabra”, la combinación perfecta de rumba, reggae, rock y balada dentro de una misma cocktelera desvanera, sírvase bien fría… 13 temas con alguna sorpresita oculta entre sus recovecos donde El Desván del Duende pone de nuevo toda la carne en el asador para volver a recorrer la geografía nacional con su nueva Gira 2012 “Con Cabras y a lo Loco Tour”.

Trece
Trece legañas
cuidan las musarañas de sus rincones
guardan secretos donde las calles no tienen nombre
donde las norias giran al soniquete de Calamaro
y se extrapola el alma de duende de los gitanos.

Donde entre bambalinas esconden los niños sus tirachinas
y un ramillete de piruletas pal soñador
que en una bulería
por Camarón se dejó la vida
murió la noche y guardó el aplauso en el corazón
de bandidos legendarios pobres canallas sin suerte
y una tribu de lirones no le dejan despertar
bajo un techo de sombreros sigue dios de vacaciones
cucharadas de canciones pa aliviar el temporal
Pinta garabatos en las goteras de la noche
gatas bailan a la luna
con su abanico de mil colores
revuelo de faldas a la caló del mediodia
y el cielo pa los bolsillos
que no se han llenao en la vida
Trece paraguas
el chaparrón de agosto moja las cabras
y en las esquinas de cartulina ladran los perros
suena el flamenco
de un camaleon alma de bufón pirata de ron
la loca cordura de los toreros
donde entre bambalinas esconden los niños sus tirachinas
y un ramillete de piruletas pal soñador
que en una bulería
por Camarón se dejó la vida
murió la noche y guardó el aplauso en el corazón
de bandidos legendarios,  pobres canallas sin suerte
y una tribu de lirones no le dejan despertar
bajo un techo de sombreros sigue dios de vacaciones
cucharadas de canciones pa aliviar el temporal.

Nudo marinero
A la media luz de las viejas candelas
quiero cantarte niña al son del aire,
ahora que vaga sola por las calles
mi melodía...

Si te alejas de mí cuando la noche despierte
llorando por tí te vestirá de recuerdos la luna de abril
arrecía de besos,
porque el aliento de tu pensamiento vive anclao al mío,
perdimos el hilo pal descosío y sólo nos queda vernos marchar.
¡Ay! Verte marchar...
De caracolas es el rumor que vuela por los callejones
en donde aprendimos a vencer el miedo,
porque a tu lado mis días duran menos.
Recuerdo tu voz, y un nudo marinero en el corazón
no deja que me duerma sin tu calor,
y beberé, beberé los vientos.
A la media luz de las viejas candelas
jirones del alba tras el remolino
de risas que cabalgan contra la corriente
del destino...
Si te alejas de mí cuando la noche despierte
llorando por tí te vestirá de recuerdos la luna de abril
arrecía de besos,
porque el aliento de tu pensamiento vive anclao al mío,
perdimos el hilo pal descosío y sólo nos queda vernos marchar.
¡Ay! Verte marchar...
De caracolas es el rumor que vuela por los callejones
en donde aprendimos a vencer el miedo,
porque a tu lado mis días duran menos.
Recuerdo tu voz, y un nudo marinero en el corazón
no deja que me duerma sin tu calor,
y beberé, beberé los vientos.
De caracolas es el rumor que vuela por los callejones
en donde aprendimos a vencer el miedo,
porque a tu lado mis días duran menos.
Recuerdo tu voz, y un nudo marinero en el corazón
no deja que me duerma sin tu calor,
y beberé, beberé los vientos... por tí.

                                                                     

El vuelo de la palabra 2014

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| domingo, 1 de junio de 2014
Por decimoséptimo año consecutivo se ha celebrado “El Vuelo de la Palabra”. Un concurso de poesía y cuento que reúne autores nacidos, residentes o relacionados con Extremadura. En “El vuelo de la Palabra” han podido participar poetas y aficionados a la poesía, narradores y aficionados a la narración, autores de reconocido prestigio e incipientes escritores que colaboran en la medida en la que pueden con el crecimiento cultural de Extremadura.
Un Jurado ha sido el encargado de realizar una amplia selección de entre todos los trabajos presentados que han sido publicados en los dos volúmenes que se han presentado en el marco de la XXXIII edición de la Feria del Libro de Badajoz. Los volúmenes han sido titulados “El vuelo de la palabra La poesía en Extremadura en 2014” y “El vuelo de la palabra. El cuento en Extremadura en 2014” que serán distribuidos por las librerías.

El vuelo de la palabra 2014. Poesía



Nueva edición de poesía, en la que participan escritores de toda Extremadura. Voces seleccionadas que nos acercan otra manera de expresar lo que vivimos, lo que sentimos, lo que percibimos.





Para este libro ha sido seleccionado el poema "Escribir en tu piel" perteneciente al poemario "He visto a una mujer a solas por mi calle", del que soy autor.


El vuelo de la palabra 2014. Narrativa




Selección de cuentos que siguen diferentes caminos hacia la narrativa, muy distintos entre sí, que combinan diferentes procedimientos y registros de entender la escritura.





Para este libro ha sido seleccionado el relato "Tránsito de sombras" del que soy autor.



Paco Ibañez

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| martes, 6 de mayo de 2014
Paco Ibañez (Valencia, 1934)

Cantautor español, de nombre completo Francisco Ibáñez Gorostidi. Hijo de un ebanista valenciano y de madre vasca, pasó parte de la Guerra Civil en Barcelona hasta que, por causa de las ideas anarquistas del padre, tuvieron que exiliarse en Francia. En 1952 comenzó a estudiar guitarra. En París, asistió a los cursos de la Scola Cantorum, estudios que continuó con el guitarrista clásico Andrés Segovia.

Empezó a sentir atracción por la poesía y leyó a Brassens, a quien considera su maestro, Góngora, García Lorca y Quevedo. Desde entonces se dedicó a poner música a la poesía en lengua española. En su primer álbum, Lorca y Góngora, editado en 1964 e ilustrado por Salvador Dalí, recopiló poemas de Luis de Góngora y Federico García Lorca. El disco constituyó todo un golpe en el contexto de la canción española.

En 1967 vino a España a cantar por primera vez, dando recitales en Madrid y Barcelona. En TVE cantó su versión del poema Andaluces de Jaén, de Miguel Hernández. En 1969, su interpretación del poema A galopar de Rafael Alberti hizo de él un símbolo de la lucha contra la dictadura franquista. Ese mismo año tuvo una excelente acogida en el Olympia, y, un año después, en varios países de América Latina.

Permaneció en España hasta 1971, pero luego volvió a Francia, en parte por la presión del franquismo, ya que estaba considerado como uno de los cantautores más críticos del régimen. En 1973 la Dirección General de la Seguridad le prohibió cantar en todo el territorio nacional. Tras la muerte del general Franco y el inicio de la democracia, volvió a los escenarios españoles.

Ha dedicado, casi integramente, su trayectoria artística a crear y cantar versiones musicalizadas de poemas de diferentes autores. Es todo un pionero en el arte de musicar poetas.
En su repertorio se encuentran temas como A galopar (Alberti), La más bella niña (Góngora), Consejos para un galán, Romance del desterrado, Aristóteles dijo, El testamento, Me llamarán, nos llamarán (Otero), Canción para un maño (Brassens), La balada del que nunca fue a Granada, Nocturnos o Triste historia.
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De él han dicho:
 José Agustín Goystisolo
Me quedé asombrado: su música y su voz daban una dimensión nueva y para mí desconocida a la letra de aquellos poemas...
"...llegó a mi casa con una guitarra... al fin comenzó a explicar que le gustaba poner música y cantar ciertos poemas de ciertos poetas. Eso debió ser en 1968 o por ahí, no recuerdo bien... lo cierto es que al poco de charlar ya estaba cantando poemas...
Me quedé asombrado: su música y su voz daban una dimensión nueva y para mí desconocida a la letra de aquellos poemas ... y sin avisar, cantó dos o tres poemas míos. Me asusté. No tuve tiempo para sentirme halagado, porque me asusté.
Me parecían de otra persona, escritos como para ser cantados, o hechos cantando... sus canciones, no los poemas, eran algo nuevo, hermoso, sorprendente pero también con sabor añejo, entre medieval y renancentista, y en todo caso, trovadoresco...".

 Gabriel Celaya
Toda la poesía española, y yo particularmente, debemos mucho a la propagación y la vida que Paco Ibáñez ha dado a nuestros versos...
“Paco Ibáñez además de cantarse a sí mismo hace algo más colectivo y más dificil, incorpora en su música y su voz a los poetas clásicos y contemporáneos... Se identifica con ellos dándoles a cada uno el tono y el estilo que le corresponde, aunque imprimiendo en todos el sello de su inconfundible personalidad o quizá de una secreta comunidad.
Toda la poesía española, y yo particularmente, en cuanto soy un pequeño representante de ella, debemos mucho a la propagación y la vida que Paco Ibáñez ha dado a nuestros versos. Pero estoy seguro que su satisfacción más que la mía será la que está ya dándole el pueblo, público, en el que estamos con él los poetas.”
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Todo en ti fue naufragio (Pablo Neruda)
                                                                                                                                      
 A galopar (Rafael Alberti)

El ciclista

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| jueves, 3 de abril de 2014

Autor: Juan Francisco Andrade Bellido
Colección: Revólver
Páginas: 408 volúmen 1 y 372 volúmen 2
Fecha de publicación: Febrero del 2013
Género: Policíaco
Precio: 28,00 €
ISBN obra completa: 978-989-51-0301-0

 

CHIADO EDITORIAL  La Casa de la Literatura Española Contemporánea
 http://www.chiadoeditorial.es/


SIPNOSIS 

Cuando una joven es brutalmente asesinada en pleno paseo marítimo de Málaga durante una lluviosa noche de diciembre, el subinspector de Homicidios, Fernando Muriel, no imagina hasta qué punto este caso pondrá en riesgo muchas de las cosas que más ama. Se trata de una nueva víctima de un peligroso depredador al que, más tarde, apodarán El Ciclista. Luis Bernal, agente de Europol, vuela a la ciudad al conocer la noticia. Muchos años atrás mantuvo una relación con la madre de la víctima. Conmocionado por el terrible crimen, Bernal emprende su propia investigación. No tarda mucho en comprender que sólo su antiguo socio, el médico Ramón Castillo, será capaz de dar con una pista que les conduzca hasta el asesino, pero Castillo, después de resolver el enigma de las muertes que asolaron Portas una década atrás, se resiste a volver a la actividad. También un chico de dieciséis años ha desaparecido. Su familia le cree fugado de casa. Carolina, la esposa de Muriel, se implica en su búsqueda. Sin embargo, un sargento de la guardia civil en la reserva alberga sospechas sobre una razón mucho más aterradora. Pronto la fiera se sentirá acorralada, y la violencia se desatará. 

AUTOR 


Juan Francisco Andrade Bellido nació en Málaga hace 56 años. Es médico rural, y trabaja y reside en Pozo Alcón (Jaén), desde hace 29 años. Empezó escribiendo poesía, siendo galardonado en diferentes certámenes desde 1983, seis en total, pero actualmente está centrado en la narrativa, concretamente en la intriga policiaca. También escribe artículos para una revista local. Es autor de tres novelas: “Señales de Humo”, “El Ciclista” y “Sobre el Abismo”, esta última todavía inédita. Las tres tienen como protagonista principal a Ramón Castillo, un médico cuyas excepcionales dotes le conducen a investigar ocasionalmente crímenes de muy difícil resolución.

COMENTARIO 

Ramón Castilo nos adentran en una nueva aventura policiaca. Bien narrada por el autor, con una intensidad que sube de tono a medida que vamos leyendo páginas.
Me ha gustado. Sin dejar de ser una clásica novela policiaca, no deja de tener ese toque especial que le da el autor a los personajes. 
De ellos, Ramón Castillo, me ha cautivado, por ser la antítesis de cualquier policia, inspector o detective que se precie, pero con unas dotes de investigación, lejos de los estereotipos del género, que le llevan a resolver los casos que indaga.
Muy recomendable.

La eternidad

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La puerta estaba cerrada, llena de óxido. Los restos de pintura, descascarados y hendidos, hacían suponer que condensaban en sus bordes imperecederos fragmentos del paso del tiempo.
Su trémula mano buscó en el bolsillo la llave, áspera y fría, y la encajó en la cerradura. Un chasquido estrepitoso sonó como un eco, golpeando sus oídos, y un olor nauseabundo y húmedo le envolvió como un impalpable velo.
Sólo un pasillo en penumbras le estaba esperando al otro lado. Al fondo del mismo se abrían, impávidas, unas lóbregas escaleras. Cuidadosamente comenzó a bajar los peldaños. A medida que descendía, el sonido de unas gotas cayendo del techo engullía el rumor de la agitación del ir y venir de la gente en las calles, hasta que sólo el ruido de sus pasos aguantó la desolación profunda del silencio.
Sintió un sudor frío atropellando su frente, el pecho dolorido, las piernas vacilantes, confundiéndose con el cansancio y con la sensación incierta de estar sosteniendo un enorme peso.

Descendió hasta llegar a una habitación pequeña y fría, de paredes de rasilla rojiza y pilares desnudos. Las irregularidades del suelo le hicieron perder el equilibrio y sus cuerpo cayó entre escombros y restos de cristales rotos.
Se levantó rápidamente. Se oprimió la palma de la mano con un pañuelo. Al caer entre los cristales, se había hecho un corte profundo.
Le ardía el pecho de dolor.

Escudriñó la habitación con la mirada, reparó en la suciedad y en el desorden. Montones de trastos cubiertos de un polvo negruzco se acumulaban por todas partes. Había botellas de licor barato esparcidas en un rincón, monedas teñidas de un ligero color mostaza, pedazos de pan desmenuzados, quizás por los dientes de hambrientos roedores.

Inmundo, así era como se sentía.
Pensó en que su vida había sido un desastre. Durante un momento, sus pensamientos casi podían ver los delgados hilos de su existencia hormigueando entre los escombros, la suciedad y los cristales rotos.

Por un instante fugaz, asomaron algunas lágrimas a sus ojos cerrados. Experimentó incertidumbres, emociones casi desconocidas para él, mientras hojeaba el libro de los recuerdos. Sonrió al ver los ojos lánguidos y las mejillas regordetas del niño que jugaba en el parque. Se estremeció adivinando los nombres de las sombras escondidas al abrigo del viejo roble.
Después las hojas fueron pasando velozmente entre inviernos y brotes de primavera.

Al abrir los ojos, la claridad de las paredes le cegó. Podía ver, a su través, la calle.
Contempló la belleza de los árboles circundantes, matizados con los intensos tonos del otoño. Observó la silueta que se recortaba entre ellos. El hombre se desplomó con un gemido ahogado. Los movimientos violentos de su cuerpo fueron cediendo hasta que cesaron por completo. La sirena de la ambulancia ululó con un sonido suave que súbitamente se apagó.
Y de nuevo la oscuridad.

Corrió escaleras arriba. Necesitaba ayuda. Sin embargo, a medida que subía los peldaños, tuvo la impresión de que todo desaparecía: las escaleras, el pasillo, la puerta... Era como si el dolor, como si el peso y sus piernas vacilantes, se hubieran quedado atrás, en la habitación. Notó como la piel, sus huesos, todo su cuerpo perdían consistencia dejándolo desnudo, convertido en una fantasmal luz blanca.
Advirtió como otras fantasmales luces blancas pululaban a su alrededor.
Y percibió que su vida había sido sólo un tránsito fugaz, sin comienzo ni fin, un vagar errabundo hacia la eternidad.


© francisco javier silva - Rasguños en la solapa

Luis Eduardo Aute

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| jueves, 27 de marzo de 2014
Luis Eduardo Aute

(Manila, 13 de septiembre de 1943)
Es un músico, cantautor, director de cine, pintor y poeta español, aunque es su faceta de cantautor la más conocida.
Hijo de padre catalán y madre filipina de ascendencia española.
Cuando tenía ocho años se trasladó junto a su familia a España. Primero vivió en Barcelona, pero a los pocos meses se asentó en Madrid, donde residió desde entonces.
Pertenece a esa generación de artistas que enriquecen las segunda mitad del siglo XX y que continuan enriqueciendo el XXI. aute publicó su primer disco en 1968, incluyendo en el mismo el Aleluya nº1.
 En 1973, el disco Rito fue el primero de su primera trilogía: Canciones de amor y muerte. En 1978, el albúm Albanta daría paso a su segunda trilogía: Canciones de amor y vida. Su tercera trilogía, Canciones de amor y duda, la inició con Fuga, y la cuarta, Canciones de amor y rabia, en 1989, con el disco Segundos fuera.

Esta serie de cuatro trilogías en veinte años terminó en 1992 con el albúm Slowly, tras publicar decenas de canciones que ese encuentran en la memoria colectiva. Antes, durante o después, obras diferentes como Templo (1987), Animal (1994) o aire/Invisible (1998), Autorretratos V1 (2003), Autorretratos V2 (2005) y Autorretratos V3 (2009).

En 2008 y coincidiendo con el 40 aniversario de la publicación de su primer albúm, lanzó Memorable cuerpo, una edición especial que hacía un recorrido por sus 115 mejores canciones junto a un DVD doble con dos conciertos, un libro de 84 páginas con fotos.

En 2010 publicó Intemperie y en 2012 El niño que miraba el mar.


Paralelamente a esta carrera musical, que parcialmente hemos reflejado, Aute ha publicado tres poemarios, dirigido siete cortometrajes y películas, y ha realizado incontables exposiciones de sus pinturas.
 

A DÍA DE HOY

A día de hoy podría decir
que la sombra que arrastro
se me escapa.
A día de hoy podría decir
que perdí los tesoros
de los mapas.
A día de hoy sólo puedo decir
que la nada fue el fin
de cada etapa...

A día de hoy sólo quiero decir
que no sé de dónde vengo
ni a dónde voy
pero quiero que sepas
que sólo sé quién soy
cuando estoy
dentro de ti.


A día de hoy podría decir
que el Azar fue el demiurgo
de mis sueños.
A día de hoy podría decir
que acabé de morirme
en cada empeño.
A día de hoy sólo puedo decir
que fue un mito intentar
vivir sin dueño...

A día de hoy podría decir
que no hallé ningún faro
en ningún puerto.
A día de hoy podría decir
que el amor fue mi voz
en el desierto.
A día de hoy sólo puedo decir
que vivir fue otra forma
de estar muerto...


© Luis Eduardo Aute


SOMBRA EN EL AGUA

Tu cuerpo, agonía
de sombra en el agua,
se rompe en orillas
de playas cansadas.
Mi cuerpo, con prisa
de arena mojada,
se seca enseguida
y esconde la cara.

Tu cuerpo no es vida,
es muerte animada,
silueta movida
por líquidas llamas.
Mi cuerpo, ceniza
que ardió en tus entrañas,
ceniza, semilla,
semilla de nada.

Tu cuerpo, agonía
de sombra en el agua.


© Luis Eduardo Aute


QUIÉREME

Quiéreme, aunque sea de verdad,
quiéreme, y permíteme el exceso,
quiéreme, si es posible, sin piedad,
quiéreme, antes del último beso.

Quiéreme, haz que se incinere el mar,
quiéreme, como el vendaval que pasa,
por el resto de una brasa
dentro de un glaciar.

Quiéreme, sin el mínimo pudor,
quiéreme, con la insidia de la fiera,
quiéreme, hasta el último temblor,
quiéreme, como quien ya nada espera.

Quiéreme, aunque no sepas fingir,
quiéreme, que de todas mis flaquezas
sacaré la fortaleza
para revivir.

Sabes bien
que jamás te lo he pedido
ni jamás te hice un reproche...
por lo que esta vez te pido,
ya que no es cosa de dos,
que tú seas quien me quiera
como nunca me has querido
esta noche del adiós...


Quiéreme, ahora que llegó el final,
quiéreme, sin más puntos suspensivos,
quiéreme, aunque venga el bien del mal,
quiéreme, como si estuviera vivo.

Quiéreme, que no entiendo qué hago aquí,
quiéreme, si no quieres que esté muerto,
porque todo es un desierto
fuera de ti.

Quiéreme, que ya empieza a anochecer,
quiéreme, aunque sólo sea un instante,
quiéreme, y hazlo como otra mujer,
quiéreme, como si fuera otro amante.

Quiéreme, que mañana ya murió,
quiéreme, como si el mundo acabara,
como si nadie te amara
tanto como yo...


© Luis Eduardo Aute


Un día, en tu vida, descubres...

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| domingo, 16 de febrero de 2014
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Poema: Un día, en tu vida, descubres...
Autor: Francisco Javier Silva

Premio del VI Certamen de Poesía del Colectivo Ataecina.

Garabatos

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| sábado, 4 de enero de 2014


Garabatos era un payaso. Llevaba algunos años retirado y vivía en una vieja caravana en el campo, rodeado de todos sus recuerdos del circo: su nariz roja de goma, sus grandes zapatos, su chaqueta floreada con botones que parecían platos, sus grandes pantalones remendados, su peluca de colorines, una corbata enorme que le llegaba a las rodillas, y un curioso sombrero negro con tres agujeros... como si los tuviera siempre a punto para actuar en cualquier momento.
Al salir del colegio me acercaba a su caravana. A Garabatos se le iluminaba la cara cuando me veía llegar y se le escapaban las risas.


- Ven, muchachuelo, siéntate a mi lado.


Entonces comenzaba a gastarme bromas y guasas, a levantarse entre enorme carcajadas mientras intentaba realizar piruetas y acrobacias que, en otro tiempo, debieron ser espectaculares.
Después volvía a sentarse, cansado pero riendo, y comenzaba a cantar, casi susurrando, siempre la misma canción:

"ríe payaso, aunque tu corazón llore penas y tristezas, ríe payaso, ríe, ríe..."

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Así es la vida de un payaso, muchachuelo, llena de risas y más risas, aunque tengas dolor, penas o tristezas, el payaso ríe y ríe...


Y me hablaba de su sombrero con tres agujeros que dejaban escapar sus pensamientos llenos de alegrías, y por donde entraban los malos pensamientos.


- Este sombrero es una máquina que cambia los malos pensamientos por los buenos. Cuando se llena de malos pensamientos, un dispensador de fragancias y buenos deseos actúa sobre ellos y los convierte en buenos pensamientos que salen al exterior.


Me hablaba de su nariz de goma en la que decía que recogía todos los juegos que jugaban los niños en todas las partes del mundo. En algunas ocasiones, Garabatos la cogía y se la colocaba sobre su otra nariz, la tocaba con sus manos y casi sin darnos cuenta comenzábamos a jugar al escondite, al veo veo, al un dos, tres, chocolate ingles...

- Tengo más juegos, muchachuelo.

Y seguíamos jugando a las chapas, al pincho romero, a la una saltaba la mula:


"A la una saltaba la mula,
a las dos tiró la coz,
a las tres los tres pasitos de San Andrés,
a las cuatro el peor salto,
a las cinco el mejor brinco,
a las seis el almirez,
a las siete cachete,
a las ocho pan y bizcocho,
a las nueve amanece,
a las diez anochece,
a las once parir quiere pero no puede,
a las doce parida es,
toma este niño y arrúllamele..."


- Muchachuelo, ¿seguimos jugando?


Me hablaba de sus zapatos donde depositaba todos los sonidos.

- El sonido es vida, sin sonidos no hay vida. Aprende a escuchar el viento, el murmullo del agua, el roce de una hoja al caer sobre el suelo.
Atrapa todos los sonidos, y aún cuando pienses que solo hay silencio a tu alrededor, te darás cuenta que el silencio no existe si escuchas los latidos de tu corazón.

También conversaba conmigo de sus pantalones remendados en cuyos bolsillos tenía trastos y chirimbolos, y un raro reloj con los números al revés y cuyas manecillas andaban igualmente al revés.


- Es para no tener que contar las horas, y para pensar que un reloj no puede ser el dueño de mi tiempo, que éste no pase tan deprisa que me haga viejo y no me dé cuenta de que he sido un niño como tú.


En su peluca roja me contaba que tenía todas las risas, que las pintaba de colores para después entregarlas en un arco iris de sonrisas.


- El mayor regalo que podemos darle a quienes nos rodean es una sonrisa, es una señal de generosidad, muchachuelo.


Me hablaba de su corbata en la que guardaba la magia de la fantasía que hacía que las personas volaran o los animales hablasen.


- Juguemos con la fantasía.


Y creaba sombras y siluetas con sus manos y las hacía conversar o vivir en cuento inventado.

Pero su chaqueta floreada era su mayor alegría. Me contaba que cada flor era un sueño que había recogido y luego devolvía. Mientras más flores se dibujaban en su chaqueta más sueños tenía para regalar.


- ¡Cuántas flores tengo! Y sin embargo me falta mi sueño: ser una estrella del cielo.


Garabatos era feliz proporcionando sueños a pesar de que la flor de su sueño aún no se había dibujado en su chaqueta.
A mí me llamaban la atención los grandes botones como platos que tenía.

- ¿Por qué tiene tu chaqueta los botones tan grandes, Garabatos?


- Muchachuelo, en los botones tengo las preguntas para las que todavía no tengo respuestas.


- Es imposible, Garabatos, tú tienes siempre respuestas para todo.

- No, hay cosas para las que nunca encuentras respuestas, como por qué existe la tristeza, el dolor, las guerras... y otras, muchachuelo, son preguntas que te haces y que tienen respuestas pero hay que buscarlas.


- ¿Qué preguntas te haces, Garabatos?


- Mira, muchachuelo, aún me pregunto cuántas ranas tengo que besar todavía para encontrar una princesa o por las margaritas que tengo que deshojar, no para que me quieran sino para que todos se quieran.


Garabatos me hablaba y me hablaba. De vez en cuando, callaba, me miraba y, casi susurrando, comenzaba a cantar:


"ríe payaso, aunque tu corazón llore penas y tristezas, ríe payaso, ríe, ríe..."


Una tarde, al llegar junto a la caravana, no encontré a Garabatos. Me resultaba extraño pues siempre me esperaba.
Mi curiosidad de niño me llevó a entrar por primera vez en el interior de la caravana de Garabatos.
Mi mirada recorrió la estancia: dos sillas, una cortina deshilachada a penas sin color, una cama abrigada con sabanas, una mesita de noche sobre la que reposaban su reloj y su nariz de goma, un viejo tocador en cuyos cajones se amontonaban pinturas y colores, y una percha de donde colgaban su chaqueta, sus pantalones, su corbata, su sombrero, y a cuyos pies descansaban sus grandes zapatos.
Sin embargo, lo que más me llamó la atención fueron las fotografías, fotografías de todos los tamaños, en blanco y negro, en color, con Garabatos en multitud de situaciones a lo largo de su existencia como payaso, y en todas riendo.
Parecía como si las fotografías tuviesen vida propia.
Tenía la sensación de que a mis oídos llegaba en un murmullo la melodía que tantas veces oí cantar a Garabatos:


"ríe payaso, aunque tu corazón llore penas y tristezas, ríe payaso, ríe, ríe..."


Por un momento pensé en la grandeza del espíritu de los payasos, de su capacidad para sobreponerse al dolor y a la tristeza para hacer feliz a niños y mayores.

Sin saber cómo ni por qué, con manos temblorosas cogí las pinturas y colores, y con trazos inseguros pinté mi rostro: de azul los ojos, blanca la cara y una gran sonrisa verde envolviendo mi boca.
Me puse la nariz roja de goma y ajusté la peluca de colorines sobre mi cabeza, después la enorme corbata, los grandes pantalones remendados donde en uno de sus bolsillos acomodé el reloj de los números al revés y cuyas manecillas andaban igualmente al revés, la chaqueta floreada y, finalmente, el sombrero negro con tres agujeros. En ese instante sentí por todo mi cuerpo infinitos deseos de reír, de hacer piruetas, de atrapar retales de ilusión.
Y reí, hice piruetas imposibles, cante, sí canté esa cancioncilla de Garabatos:


"ríe payaso, aunque tu corazón llore penas y tristezas, ríe payaso, ríe, ríe..."

Distraído no reparé en la figura que me observaba desde la puerta con los ojos brillantes. Era Garabatos. Bajé avergonzado la cabeza.


- Muchachuelo, no te asustes. Al vestirte de payaso has dejado al descubierto tu vida. Levanta la cabeza, alguien me dijo una vez que nunca mirase hacia abajo al menos que las estrellas estuviesen a mis pies.
Debo irme, muchachuelo, es el momento de encontrar mi sueño y hacerlo realidad.

Dos inmensos lagrimones rodaron por sus mejillas desde unos ojos que, hasta hoy, no habían tenido tiempo para llorar, mientras recogía una a una todas las fotografías de su vida.

Cuando levanté la cabeza, Garabatos no estaba.
Salí al exterior pero no logré verlo. Anochecía, mis ojos sin saber cómo ni por qué miraron hacia arriba, y temblorosos repararon en una nueva estrella que brillaba en el cielo con una gran luz resplandeciente.
Garabatos era un payaso, que una tarde se marchó persiguiendo un sueño, y que me dejó una nariz roja de goma, unos grandes zapatos, un raro reloj con los números al revés y cuyas manecillas andaban igualmente al revés, una chaqueta floreada con botones que parecían platos, unos grandes pantalones remendados, una peluca de colorines, una corbata enorme que me llegaba a las rodillas, y un curioso sombrero negro con tres agujeros, a modo de testamento.
 

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